domingo, 7 de octubre de 2007

La emoción

Mi nuevo intento de pintar al óleo fue un nuevo fracaso. A pesar de eso, tuve ocasión de experimentar un fenómeno que me aportó un nuevo dato sobre el hecho creativo: la emoción.

En el proceso creativo ponemos en marcha una serie de mecanismos que, por sí solos, no despiertan emociones. Partimos de una idea, la estudiamos, tomamos determinadas decisiones sobre el proceso que vamos a seguir. Manejamos una serie de herramientas culturales aprendidas, aplicamos conocimientos y técnicas al servicio de esa idea. Pero el resultado final siempre es imprevisible, incierto. Es en este recorrido hacia la conclusión definitiva de la obra en donde aparece la emoción.

En mi esfuerzo vano por sacar de aquel par de recipientes un resultado satisfactorio, después de la primera pincelada empecé a sumergirme en un marasmo de sensaciones del que solo pude escapar después de la última pincelada, ya derrotado.

Entonces recordé a mi padre, absorto, alejado del mundo, entornando los ojos, retirándose para visualizar el cuadro a cierta distancia, atropellándome si me hallaba a sus espaldas, el cigarrillo quemándose por entero abandonado en el cenicero. Había olvidado mi presencia, había perdido la conciencia del entorno. En aquel momento, él vivía para sus emociones.

Cuando la emoción que el creador experimenta durante el proceso de creación se transmite al espectador, una vez concluida la obra, entonces hablamos de arte.
Si el creador carece de genio, de talento, entonces no puede transmitir esa emoción.

Sin emoción, no hay arte.

1 comentario:

Ñoco Le Bolo dijo...

Me reafirmo en lo comentado en tu otro blog. Me encanta.

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