sábado, 8 de marzo de 2008

La jornada de reflexión

En mi entrada anterior clamaba por un argumento (un argumento, por favor; mi voto por un argumento).
Ayer ETA decidió de nuevo intervenir en un proceso electoral con su fatídico y único argumento; la violencia.
Un argumento alimenta siempre a su contraargumento. Cuando la violencia del bruto se convierte en argumento, sólo puede encontrar la violencia de otro más bruto como contraargumento.
ETA nos hace sentir del poder de la violencia.
El juego político desprecia el valor de los argumentos enfrentándonos a otro tipo de violencia; la del odio al contrario.

En “Un libro para paz” Fatema Mernissi, se lamenta de que la expansión del imperio musulmán que los siete primeros califas de la dinastía Abásida habían basado en el poder de la cultura, cayera en manos de los califas posteriores que, como Al Mutadid, prefirieron el poder de las armas.
“Para el califa Al Mutadid, el poder significaba confiar en la espada, no en la pluma”.
“Para muchos analistas árabes, el tema crucial del futuro ya no es el ser o no ser sino el comunicarse o morir”.

Lamentablemente, el discurso político no busca referencias en el pensamiento de los intelectuales. El intelectual ha pasado a ser una especie en extinción, una anécdota.
Las palabras de Lord Acton -El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.- han pasado a ser una anécdota del mayo del 68.
Mahatma Gandhi -No hay caminos para la paz; la paz es el camino.- ha pasado a ser un referente para un grupo de desaliñados nostálgicos a los que se mira con una sonrisa displicente.
Y Paul Valéry -La violencia (…) es siempre un acto de debilidad y la operan quienes se sienten perdidos- tiende a desaparecer del temario de nuestros estudiantes de bachillerato junto con las asignaturas humanísticas, porque nuestros políticos consideran que necesitamos técnicos, ejecutivos, economistas y una gran masa uniforme y gris de individuos que tengan como único sueño hacerse famosos en cualquier programa de teleaborregamiento.
Panem et circenses.
Por cierto ¿quién era Juvenal?

… y mañana hay que votar.

2 comentarios:

Rubén dijo...

Gracias por esta estupenda reflexión. La paz parece a veces utopía. Pero hay que esperar contra toda esperanza. Yo también votaré.

Ñoco Le Bolo dijo...

Pan y circo. Receta mágica aún hoy. Hemos avanzado poco y con muchos saltos atrás.
Hoy me remito a mis últimos posts, "rojo es el color de la esperanza"

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