miércoles, 12 de diciembre de 2007

El revisor

Mis desplazamientos entre Taradell y Barcelona son frecuentes. Normalmente recorro esa distancia en tren (línea 3 de cercanías de Renfe; l’Hospitalet - Vic). El viaje suele durar algo más de una hora dependiendo de las incidencias.
Durante el trayecto leo o escucho música en el reproductor mp3 que me regalaron mis hijos, o ambas cosas a veces.
Si llevo algún paquete suelo depositarlo en las bandejas que hay dispuestas a tal efecto en la parte superior de las hileras de asientos.
Durante el recorrido, un revisor o revisora solicita los billetes y comprueba que todo esté en orden.
En dos ocasiones me he tropezado con uno de estos empleados de la compañía que cuando se me acerca para revisar el billete, me pregunta:
-¿Ésto es suyo?- y señala el paquete.
-Si señor- respondo yo.
-¡No se lo vaya a olvidar!
-Tendré cuidado, gracias.
Me sorprendió. Es el único revisor que lo hace.
La segunda vez la conversación fue algo más dilatada.
-No se puede imaginar usted las cosas que llega a olvidarse la gente. Es que el tren tiene algo raro ¿sabe? La gente se duerme, se le va la cabeza, se queda hipnotizada. ¡Hasta niños se dejan olvidados! ¡Niños, oiga!
-Hace usted muy bien en advertir- dije yo sonriendo.
-Bueno, que tenga un buen viaje.
-Muchas gracias.
Luego observé como se sentaba a charlar con unos jóvenes de aspecto “hippy urbano”. Charlaron animadamente durante unos pocos minutos. La sorpresa inicial reflejada en la cara de aquellos chicos dio paso rápidamente a una expresión de confianza.
El resto de revisores o revisoras se limitan a cumplir con lo estipulado (con mayor o menor gracia, según cada cual). Normalmente yo les dirijo una sonrisa porque comprendo que están haciendo su trabajo y me parece muy frío eso de entregar y recoger el cartoncito sin siquiera mirarles a la cara como, por otro lado, suele ocurrir.
La gente que viajamos solos solemos estar muy serios todo el trayecto.
Se agradece el gesto de ese hombre. Un poco de calor humano siempre viene bien.

Pequeñas impresiones sobre el tren. Acrílico sobre cartoncillo.
El tren 1
El tren 2
El tren 3
El tren 4

2 comentarios:

Ñoco Le Bolo dijo...

Todo se resume fácilmente. Calor humano. Y eso, exactamente eso, es lo que falta.
Le daría un abrazo... si tuviera el valor de dejar escapar mi calor humano
¿de qué estamos presos?
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Estupendos dibujos!

Rubén dijo...

Es cuestión de sensibilidad y yo creo que incluso de comprensión. En cambio, hay personas incapaces de trascender más allá de su propio egoísmo, de sus propias inquietudes y preocupaciones. Feliz navidad.

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